La climatóloga Cintia Piccolo explicó que el aumento de la humedad, la nubosidad y las precipitaciones en Bahía Blanca y el Sudoeste bonaerense está relacionado con distintos procesos atmosféricos asociados al cambio climático. Lo hizo durante una entrevista en el programa “Nunca es tarde”, por La Brújula 24.
Piccolo señaló que el otoño y la primavera son históricamente las estaciones más lluviosas de la región. También diferenció las precipitaciones actuales de la inundación del año pasado, cuando cayeron cerca de 400 milímetros en menos de un día: “Fue un evento extremo y una cosa totalmente distinta”.
La especialista indicó que las investigaciones registran cambios en las regiones climáticas. Bahía Blanca, históricamente clasificada como zona semiárida, ya no presenta las mismas características. “Está cambiando el clima de toda la República Argentina, pero también a nivel global”, afirmó.
Piccolo explicó que los estudios actuales analizan series meteorológicas de más de 50 años. También mencionó una etapa de mayor nubosidad y retención de energía en la atmósfera, que podría favorecer fenómenos meteorológicos más intensos y frecuentes, aunque concentrados en períodos breves.
Sobre las causas, sostuvo que intervienen factores naturales y humanos, entre ellos los gases de efecto invernadero y los contaminantes generados desde la industrialización. “La realidad es que es una combinación de ambos factores”, resumió.
En cuanto a las medidas de adaptación, planteó la necesidad de mejorar la infraestructura urbana y vial, avanzar hacia energías más limpias y actualizar los datos utilizados en los estudios de impacto ambiental. “No vamos a detener el cambio climático, pero sí podemos hacer obras para que las consecuencias sean menores”, señaló.
Finalmente, explicó que El Niño suele favorecer mayores precipitaciones en el norte argentino y parte de la región, mientras que La Niña tiende a generar condiciones más secas en Bahía Blanca y el Sudoeste, con riesgo de incendios. Ambos fenómenos tienen una duración variable y son monitoreados mediante satélites y boyas en el océano Pacífico.
La Brújula 24













