El cierre de enero en Argentina se caracteriza por un marcado déficit de lluvias en la franja central y el noreste, afectando a los cultivos. A pesar de esto, las temperaturas por debajo de lo normal atenúan el impacto. El noroeste, en contraste, registra excesos. La situación hídrica es crítica y febrero será clave para la campaña agrícola.
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