En el cierre de 2025, Gustavo Tito realizó un análisis del contexto que atravesó la agricultura familiar y los sectores vinculados a la producción de alimentos. En diálogo radial con Claudio Quiñones en el programa "Pienso Positivo", describió el año como especialmente complejo para productores y técnicos, con dificultades estructurales que condicionaron la actividad. “Fue un año duro para la agricultura familiar, con mercados deprimidos y costos de insumos elevados”, señaló.
Tito explicó que uno de los factores centrales fue la ausencia de políticas públicas nacionales de acompañamiento al sector, situación que profundizó las dificultades económicas. Según indicó, esta falta de respaldo impactó directamente en la capacidad de sostener la producción. “Hubo una falta de políticas públicas a nivel nacional para apoyar al sector”, afirmó, al tiempo que remarcó el contraste con otras etapas.
En ese marco, destacó el rol que asumió la Provincia de Buenos Aires, que implementó herramientas de asistencia dentro de sus posibilidades presupuestarias. Créditos y subsidios permitieron sostener parcialmente a algunos productores. “Lo que salvó un poco el año fue la propuesta de la provincia, con pequeños apoyos que fueron importantes”, sostuvo.
Otro eje del análisis fue la situación de las universidades y los organismos científico-técnicos, que atravesaron recortes y reestructuraciones. Tito señaló que estas decisiones afectaron tanto a trabajadores como a productores que dependen del asesoramiento técnico. “La universidad y los organismos tuvieron que pelear para poder seguir funcionando”, expresó.
Al comparar el contexto actual con la crisis de 2001, Tito remarcó diferencias sustanciales. Si bien reconoció similitudes en la gravedad, señaló que hoy la crisis avanza con mayor velocidad y menor capacidad de respuesta social. “Esta situación es más virulenta y más rápida que la del 2001”, afirmó.
En ese sentido, advirtió que aún no se observa una reacción colectiva tan organizada como la que surgió en aquel momento, aunque consideró que ese proceso puede activarse. “Todavía falta esa etapa de autoorganización fuerte que sí existió en 2001”, explicó, al mencionar ejemplos recientes de sectores que comenzaron a movilizarse.
Tito también se refirió al impacto de la apertura comercial y al ingreso de productos importados, especialmente en el sector hortícola. Según indicó, esta situación genera presión sobre los pequeños productores locales. “Están entrando productos de afuera con poco control y eso termina afectando al productor”, señaló.
Frente a este escenario, destacó la capacidad de adaptación del agricultor familiar, que busca alternativas para sostener la producción. La crisis, afirmó, también impulsa procesos de innovación. “Estos momentos difíciles generan estímulos para buscar otras formas de producir”, indicó.
El análisis incluyó una defensa del rol del INTA y de los programas vinculados a la agricultura familiar, cuyo debilitamiento generó reacciones en municipios y organizaciones locales. “El INTA es una institución que ayuda a todos los productores y por eso no se entiende el recorte”, sostuvo.
Finalmente, Tito remarcó la vigencia de la agricultura familiar como base de la soberanía alimentaria y expresó expectativas de continuidad en la organización del sector. “El agricultor familiar es un luchador nato y no abandona la producción”, afirmó, al proyectar un 2026 marcado por la resistencia y el trabajo colectivo.













