Argentina autorizó una nueva generación de soja transgénica diseñada para tolerar cuatro grupos distintos de herbicidas. La decisión del Gobierno, publicada en el Boletín Oficial el 16 de julio mediante la Resolución 113/2026, se fundamenta en evaluaciones de bioseguridad, inocuidad alimentaria y conveniencia productiva.
Autorización oficial y Detalles Técnicos
La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca firmó la Resolución 113/2026, que habilita a BASF Agricultural Solutions Argentina a comercializar el evento acumulado de soja BCS-GM151-6 x DAS-81419-2 x DAS-444Ø6-6. Esta aprobación abarca la semilla, sus productos y subproductos, así como la progenie derivada de cruzamientos con soja no modificada genéticamente. Su utilización está permitida para fines agrícolas, industriales, alimentarios y comerciales.
La normativa argentina para organismos genéticamente modificados sirvió como base para esta autorización, analizando la bioseguridad del evento, su inocuidad alimentaria y el impacto en la producción y el comercio. Sin embargo, no evalúa la evolución del patrón de uso de herbicidas tras la adopción masiva de la tecnología, ni modifica las regulaciones provinciales o municipales sobre aplicaciones terrestres o aéreas. El impacto ambiental real dependerá de las decisiones productivas, controles estatales y prácticas agronómicas.
¿Qué tolerancias incluye la Nueva soja transgénica?
La soja aprobada fue desarrollada para tolerar herbicidas inhibidores de la enzima HPPD, glifosato, glufosinato de amonio y 2,4-D. Además, incorpora protección contra el nematodo del quiste de la soja y frente a determinadas especies de insectos lepidópteros. Esta acumulación de características en una sola semilla ofrece diversas herramientas para enfrentar problemas clave del cultivo, aunque también genera un debate sobre la expansión de tecnologías que conviven con aplicaciones múltiples de productos químicos.
El modelo productivo y la sustentabilidad
La pregunta central es si la respuesta a las malezas resistentes al glifosato debe ser sumar nuevas tolerancias genéticas y ampliar el menú de agroquímicos, o si el modelo actual exige cada vez más productos para mantener su eficacia. El gobierno apuesta por acelerar la incorporación de nuevas tecnologías agrícolas para preservar la competitividad del complejo exportador, siempre que superen las evaluaciones de bioseguridad, inocuidad alimentaria e impacto comercial.
En el contexto internacional, Brasil y Estados Unidos avanzan con nuevos eventos biotecnológicos, variedades adaptadas al cambio climático y desarrollos para mejorar rendimientos. Argentina busca no quedar rezagada. Sin embargo, la sustentabilidad ya no se mide solo por productividad o ingreso de divisas. Mercados, consumidores e inversores exigen información sobre huella de carbono, conservación de biodiversidad, trazabilidad y uso responsable de agroquímicos. Producir más ya no es suficiente; también es necesario demostrar cómo se produce.
Evolución de la soja transgénica en Argentina
El alcance de esta autorización, que habilita una soja con tolerancia a múltiples herbicidas y protección contra plagas, resume la evolución del negocio biotecnológico agrícola. Las primeras generaciones de soja modificada genéticamente se basaron en la tolerancia al glifosato, lo que simplificó el control de malezas y favoreció la siembra directa.
No obstante, el uso repetido de un mismo principio activo generó una fuerte presión de selección. Algunas malezas sobrevivieron, se reprodujeron y se expandieron, llevando a que el glifosato perdiera eficacia sobre distintas especies. Los expertos explican que esta resistencia se desarrolla a escala poblacional, donde ejemplares con características que les permiten sobrevivir transmiten esa capacidad y terminan desplazando a los más sensibles.
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