Lavalle todavía era la calle de los cines, peatonal como Florida. Un sábado a la noche un mar de gente fluía por ella, como mis amigos y yo, antes o después de ver una película. Tenía un sabor especial escarbar en las bateas de las disquerías, para ver qué había de nuevo, pero sobre todo se trataba de la búsqueda de tesoros. Según la ubicación de la disquería, te podías encontrar una obra maestra que nadie se llevaba y a veces, por monedas.
El rock todavía era under, antes de Malvinas, año 81. Lo que más se vendía eran los Hits, del estilo que fuera, desde cumbia pasando por Raffaela Carrá hasta los Bee Gees. Una vez en Constitución entré a una disquería al ritmo de Los Mirlos y en un rincón, literalmente en una pila, reventaban Night Passage de Weather Report por dos mangos, era la única manera de poder vender ese disco en ese lugar. Algo similar a lo que hacen los supermercados hoy en día, cuando los lácteos se están por vencer, te venden cuatro por uno antes de que se conviertan en leche podrida.
Uno se entusiasmaba esperando encontrar alguna joya, no te podías comprar todos los libros o los discos que te hubiera gustado, había que invertir bien. Con esto en mente y los garfios afilados en los sobres de los discos, habiendo recorrido ya dos o tres disquerías, esa noche, tropezaba por enésima vez con la cara de un tipo con un cigarrillo en la boca ocupando toda la tapa: John Cougar. No hubo suerte esta vez, no hubo hallazgo, pero me quedó picando a fuerza de repetición ese nombre.
Tiempo después aparecía una nota acerca del susodicho John Cougar en la revista Pelo. Transcribo un fragmento: “Por suerte (esta vez buena), a Pat Benatar se le ocurrió grabar ella uno de los temas de ‘Biography’, ‘I need a lover’, y lo convirtió en un gran éxito en los Estados Unidos. -Cougar: “Menos mal que Pat tuvo la idea de grabar ese tema. Realmente me alegro que lo haya hecho; en parte por ella y en parte por mí, porque los royalties de ‘I need a lover’ fueron casi el único dinero que gané el año pasado. Si no hubiera sido por ella, creo que me hubiera muerto de hambre”
Tuve un pensamiento automático “Que bárbaro, un muerto de hambre editado en todo el mundo”. Después este pibe llegó, sonó en la radio y también tuvo sus hits, “Hurts so good” ,”Small Town”, “Ain’t that America”, por nombrar algunos. Se cambió el nombre de Johnny Cougar a John Cougar de ahí a John Cougar Mellencamp y por último John Mellencamp.
3Aquello fue un disparador, un click que empezó allá cuando tenía 16 años y me dura hasta hoy ,crece con el tiempo cuando escucho a Pescado, a Serú a Crucis, Piazzolla, Barbosa, Saluzzi y tantos otros.Grandes músicos y música trascendente, sin fecha de vencimiento. Que la sombría mano del mercado lo reconozca, es otro tema, si ven que le pueden exprimir algo, tal vez lo agarran y lo mercantilizan algún día.
Son claras las ventajas de tener una industria de la música como se puede observar ,pero del otro lado de la moneda están las canciones industrializadas, producidas y empaquetadas en serie- como chorizos se diría en el barrio-.
Sin embargo la música que dice algo seguirá creciendo y la seguirán descubriendo en todo el mundo. Encontré la discografía completa del Flaco en una página rusa. También encontré una Banda progresiva de Hungría llamada Solaris, o la italiana Premiata Forneria Marconi. Eso es lo bueno de este monstruo que es internet, se puede encontrar de todo. Hasta encontré la revista Pelo en donde había leído aquella nota y le tuve enfrente como si la hubiera comprado ayer. Podemos buscar tesoros o comprar leche podrida.













