Tomás y Lucas Echeverría, de 15 y 17 años, transitan una etapa clave en su desarrollo deportivo vinculados al pádel competitivo. Ambos comenzaron a jugar desde muy chicos, acompañando a su familia a las canchas, y con el paso del tiempo transformaron esa práctica recreativa en un proyecto de alto rendimiento. “Arrancamos yendo a la cancha cuando teníamos ocho o diez años, mirábamos jugar a nuestra familia y en los ratos libres nos metíamos a jugar”, contó Tomás, al repasar los primeros pasos que los llevaron a entrenar formalmente y competir en torneos.
El crecimiento fue progresivo pero constante. Desde las categorías iniciales hasta llegar a segunda y primera división, los hermanos avanzaron dentro del circuito regional y nacional. “Arrancamos de octava y hoy estamos jugando segunda y primera con 17 y 15 años”, señaló Lucas, al explicar un recorrido que incluyó la participación en los Juegos Bonaerenses, donde obtuvieron la medalla de oro tras ganar todos los partidos. La elección de jugar juntos también respondió a una lógica de confianza y conocimiento mutuo. “Como entrenamos siempre juntos, decidimos jugar en pareja”, explicó, aunque reconoció que la exigencia del juego también genera momentos de tensión.
En ese contexto, ambos coincidieron en que el pádel actual exige una preparación integral. “Hoy es un deporte muy físico y también muy mental, si no estás bien preparado te ganan aunque juegues mejor”, sostuvo Tomás, al describir un escenario donde la paridad técnica obliga a marcar diferencias desde el entrenamiento. La evolución de las canchas, el cambio del cemento al blindex con césped sintético y la posibilidad de juego externo también modificaron la dinámica del deporte. “Cambia el pique, cambia todo, el juego es distinto”, resumió Lucas, al referirse a las condiciones actuales de competencia.
Desde hace más de un año, los hermanos tomaron una decisión de fondo: apostar al profesionalismo. Para eso reorganizaron su rutina diaria y su formación académica. “Dejamos la escuela presencial y la terminamos de manera online para dedicarnos al entrenamiento”, explicó Tomás, al destacar el acompañamiento familiar. En los próximos días iniciarán una pretemporada en Pilar, donde entrenarán entre seis y siete horas diarias hasta el 10 de febrero. “Es exigir ahora para poder responder durante el año”, afirmó Lucas, anticipando un calendario con dos o tres torneos mensuales y viajes permanentes.
El proyecto incluye radicarse gran parte del año en Buenos Aires para sostener la competencia y el entrenamiento en academias especializadas. Además, cuentan con el respaldo de sponsors que cubren equipamiento e indumentaria, además de apoyos locales y familiares. “Sin ese acompañamiento sería imposible sostener este nivel de competencia”, reconocieron. Con una agenda intensa y objetivos claros, Tomás y Lucas Echeverría avanzan en un camino que combina disciplina, planificación y una apuesta temprana por el alto rendimiento en un deporte que atraviesa un fuerte crecimiento.













