El jabalí europeo se expande en el sudoeste bonaerense, generando daños en cultivos, suelos y biodiversidad, además de presentar riesgos sanitarios. Un brote de triquinosis en julio de 2026 en Mayor Buratovich, Villarino, evidenció esta problemática.
¿Cómo llegó el jabalí europeo a la Argentina y dónde se estableció?
El Sus scrofa, conocido como jabalí europeo, es una especie exótica introducida en Argentina a principios del siglo XX con fines cinegéticos. Pedro Luro lo trajo a su estancia San Huberto en La Pampa para la caza mayor. Tras escapar de su encierro, encontró un hábitat propicio en la región pampeana y se convirtió en una preocupación ambiental y productiva.
En la provincia de Buenos Aires, el jabalí se estableció en la Bahía de Samborombón, la Cuenca del Salado, los sistemas serranos de Ventania y Tandilia, y el sudoeste provincial. Posee una gran capacidad de adaptación, una dieta muy amplia que incluye granos, raíces, frutos, pequeños animales y carroña, y una elevada capacidad reproductiva. Los machos adultos pesan entre 80 y 140 kilos, mientras que las hembras rondan los 60 a 90 kilos. Las hembras tienen gestaciones de unos 115 días y paren camadas de 4 a 8 crías.
Daños productivos y expansión territorial
La presencia del jabalí se documenta en zonas cercanas a Bahía Blanca, Villarino y Patagones, así como en áreas serranas. El principal impacto se observa en la actividad agropecuaria. Las piaras ingresan a lotes cultivados y consumen granos. Al buscar raíces o insectos, los animales remueven grandes cantidades de suelo mediante el hociqueo, causando pisoteo y destrucción de plantas.
El problema no se restringe al campo. Los jabalíes se desplazan por caminos rurales y rutas, aumentando el riesgo de accidentes. También se acercan a zonas periurbanas en busca de alimento y agua, generando preocupación en áreas pobladas.
¿Qué riesgos sanitarios implica el jabalí?
Uno de los riesgos sanitarios más concretos es la triquinosis. En julio de 2026, se confirmó un brote en Mayor Buratovich, partido de Villarino, que afectó a más de 50 personas. Los afectados habían consumido salamines y otros chacinados elaborados con un jabalí silvestre cazado por el propio grupo.
Este episodio subraya los peligros asociados a la caza y el consumo de fauna silvestre. La triquinosis se transmite a las personas por carne insuficientemente cocida de animales infectados. Por ello, se recomienda analizar la carne antes de elaborar chacinados y extremar las medidas de prevención. El jabalí también puede participar en la transmisión de otras enfermedades que afectan a animales domésticos y silvestres.
Estrategias de control y permisos de caza
Frente al crecimiento de las poblaciones, el Gobierno bonaerense habilitó la caza plaguicida del jabalí europeo como herramienta de control. Esta medida se estableció mediante la Disposición 313/2025 del Ministerio de Desarrollo Agrario.
El objetivo es reducir las poblaciones y limitar los daños que la especie provoca sobre suelos, vegetación, fauna y actividades productivas. Además, busca disminuir los riesgos sanitarios. Esta autorización no implica cazar sin restricciones. La normativa establece condiciones y medidas de seguridad, prohíbe la actividad en zonas urbanas y suburbanas, y exige la documentación correspondiente.
Especialistas coinciden en la necesidad de complementar el control con monitoreo y conocimiento de las poblaciones. También es fundamental identificar corredores de desplazamiento, seguir los daños productivos y mantener la vigilancia sanitaria. El desafío principal radica en conocer dónde están los animales, cómo se mueven, qué daños producen y qué estrategias resultan más eficaces para contenerlos.













