Nicolás Abot atraviesa unos días en General La Madrid, su pueblo natal, donde aprovecha el descanso para reencontrarse con su familia y amigos antes de definir su futuro deportivo. A los 40 años, con una carrera que lo llevó por clubes de América, Europa, Asia y Oceanía, el futbolista repasó su recorrido junto a Claudio Quiñones en "Pienso Positivo"en la 99.5 y explicó que “estoy acá disfrutando de las cosas que uno extraña cuando está lejos, esos mates con la familia y los amigos”. El regreso, aunque temporal, funciona también como una pausa necesaria tras casi dos años sin volver al país.
Su vínculo con el fútbol comenzó como el de tantos otros chicos del interior. Abot recordó que “como todo nene, siempre quise jugar al fútbol y llegar lo más lejos posible”, y que ese deseo lo llevó a iniciar su camino en Racing de General La Madrid. A los 15 años tuvo su primera experiencia fuera del pueblo cuando llegó a Deportivo Sarmiento de Coronel Suárez, antes de continuar en Independiente de Pueblo San José, experiencia que recuerda como su primer gran alegria en el fútbol. Luego en Olimpo de Bahía Blanca, donde permaneció tres años y medio en el plantel profesional.
Tras esa etapa se inició una carrera marcada por la movilidad constante. Costa Rica fue su primer destino en el exterior y, a partir de allí, se sucedieron pasos por Ecuador, Uruguay, Venezuela, Bolivia, Letonia, España, Italia, Malta, Nueva Zelanda, Australia, Tailandia e Indonesia. “No fue algo planificado, se fue dando, siempre buscando lo mejor en lo futbolístico y en lo personal”, explicó Abot, quien destacó que esa dinámica le permitió conocer culturas y realidades muy diferentes mientras seguía vinculado al deporte.
El futbolista señaló que gran parte de esas oportunidades surgieron a partir de contactos generados dentro del ambiente. “En el fútbol hay que ser buena gente y mantener relaciones, porque muchas veces los pases se dan de boca en boca”, sostuvo, al tiempo que advirtió sobre los riesgos de intermediarios poco confiables. Esa red de vínculos fue determinante, por ejemplo, para llegar a Grecia y más tarde regresar a Asia, una región que describió como la más compleja desde lo cultural.
Sobre su experiencia en países asiáticos, Abot reconoció que “la adaptación es lo más difícil, porque la cultura, la comida y las costumbres son muy distintas”. Contó que en lugares como Tailandia o Indonesia los horarios de las comidas y las prácticas religiosas marcan el ritmo cotidiano, algo que contrasta con las rutinas sudamericanas. Sin embargo, también valoró la hospitalidad y la amabilidad de la gente, aspectos que facilitaron su integración pese a la barrera del idioma.
El mar aparece como un elemento recurrente en sus recuerdos. Grecia, Malta y especialmente Tailandia ocuparon un lugar destacado en su relato. “Las playas de Tailandia no tienen comparación”, afirmó, y recordó su paso por una ciudad cercana a la isla donde se filmó la película La Playa. Más allá del paisaje, subrayó la diferencia entre viajar como turista y vivir en esos lugares: “Lo mejor es compartir con la gente del lugar, conocer al almacenero, al canchero, a las familias de los compañeros”.
La identidad argentina también formó parte de su recorrido. El mate funcionó como un elemento de intercambio cultural en vestuarios de distintos países, experiencia que Abot resumió al señalar que “no es solo una bebida, es una forma de compartir”. Esa presencia cotidiana, sumada a la imagen del futbolista argentino en el exterior, generó tanto expectativas como exigencias. “Saben que somos apasionados y competitivos, pero a veces esperan que todos seamos Messi”, explicó.
En el plano deportivo, destacó diferencias en la manera de vivir el fútbol según cada país. Recordó que en lugares como Nueva Zelanda, tras una derrota, los jugadores podían compartir una cerveza con los rivales pocos minutos después del partido. “Nuestra pasión es distinta, queremos ganar siempre”, sostuvo, aunque reconoció que aprender a convivir con otras miradas también fue parte del aprendizaje.
El aspecto físico ocupó un lugar central en su carrera, especialmente tras una grave lesión. A los 37 años sufrió la rotura del tendón de Aquiles, que lo mantuvo ocho meses fuera de las canchas. “Fue un quiebre, pensé que si no volvía de esa me retiraba”, confesó. La rehabilitación y el entrenamiento posterior le permitieron regresar al fútbol australiano, donde jugó tres temporadas más, convirtió goles y fue campeón, experiencia que reafirmó su decisión de continuar.
Actualmente, Abot analiza opciones para extender su carrera al menos un año más. “Me siento bien físicamente y quiero seguir jugando”, afirmó, sin descartar destinos tanto en el exterior como en el país. Reconoció, sin embargo, que la dificultad de vivir exclusivamente del fútbol en el ámbito local empuja a muchos jugadores a buscar oportunidades fuera de la región.
Finalmente, destacó el apoyo constante de su familia y amigos como un factor determinante. “Ellos saben que hago lo que amo y eso me da tranquilidad”, expresó, y subrayó el rol de la tecnología para acortar distancias. Para Abot, su historia puede servir como referencia para otros jóvenes del interior. “No todos llegan a los grandes clubes, pero se puede construir una vida paralela en el fútbol y vivir de lo que a uno le gusta”, concluyó.














