En el cierre de un año atravesado por dificultades económicas y sociales, la responsable del merendero El Ángel de la Bicicleta, Mariela Garrido, realizó un balance del trabajo sostenido en Pueblo Santa Trinidad y del incremento de la demanda de asistencia. “Fue un año duro, complicado, tanto en lo económico como en lo social, pero seguimos luchando para que los chicos puedan tener su merienda”, señaló al iniciar el contacto radial con Claudio Quiñones en "Pienso Positivo", en la 99.5.
El espacio comunitario, que funciona desde hace varios años, nació con el objetivo de asistir a niños y niñas, aunque con el correr de los meses amplió su alcance. Según explicó Garrido, “al principio apuntábamos solo a los chicos, pero con lo que está pasando tuvimos que empezar a dar respuestas también a las familias”, una situación que se repite con mayor frecuencia en los últimos meses.
La referente destacó que el enfoque del merendero prioriza la comunicación directa y sencilla con los más chicos. “No hay que hablar con tecnicismos ni leyes, hay que ponerse a la altura de ellos para que entiendan lo que estamos viviendo”, sostuvo, al describir una metodología basada en la cercanía y la comprensión del contexto cotidiano.
El crecimiento poblacional de Santa Trinidad es otro factor que incide en la mayor demanda. Garrido recordó que vive en la localidad desde hace casi seis años y que “cuando llegamos, muchas casas no estaban terminadas, después fueron llegando familias y el barrio creció muchísimo”, lo que derivó en nuevas necesidades sociales.
Ese crecimiento no siempre estuvo acompañado por estabilidad laboral. “Hay familias que hasta hace seis meses tenían trabajo en blanco y lo perdieron, y hoy recurren al merendero”, explicó Garrido, quien remarcó que muchas personas sienten incomodidad al pedir ayuda. “No les gusta solicitar, pero hoy por mí, mañana por vos”, resumió.
En ese marco, la solidaridad de la comunidad aparece como un sostén clave. Garrido subrayó que “Suárez es una ciudad muy solidaria, siempre hay alguien atento a lo que el merendero necesita”, y destacó el rol de las redes sociales para canalizar colaboraciones concretas cuando surgen urgencias.
El funcionamiento del espacio se sostiene exclusivamente con donaciones de insumos. “Nosotros no aceptamos dinero, no queremos plata”, aclaró, y agregó: “Con un kilo de harina soy la mujer más feliz del mundo, porque eso sirve para llenar una pancita”. Harina, aceite, azúcar y chocolate son los productos más utilizados en cada jornada.
Hacia fin de año, el equipo decidió tomarse una pausa para reorganizarse. “Terminábamos una merienda y ya estábamos pensando en la próxima, estábamos muy pasadas de rosca”, explicó Garrido, al detallar que el receso permitirá encarar nuevos proyectos comunitarios en mejores condiciones.
Entre esos proyectos se encuentra la creación de un espacio público denominado Diego Armando Maradona. “Empezamos a pensarlo en abril y ya dimos el primer paso con una jornada de forestación”, indicó, y adelantó que el objetivo es contar con un playón deportivo y una plaza pensada para el uso cotidiano de los chicos del barrio.
La iniciativa ya generó apropiación comunitaria. “Los propios vecinos se organizan para regar las plantas, los chicos salen con baldecitos”, relató Garrido, quien consideró que ese compromiso confirma la importancia de generar espacios comunes.
En paralelo, el equipo del merendero proyecta capacitarse durante el próximo año. “Vamos a hacer un curso para tener herramientas y trabajar mejor problemáticas como violencia, bullying, adicciones y alcohol”, señaló, al remarcar que la asistencia alimentaria convive con otras situaciones complejas.
Finalmente, Garrido reiteró las principales necesidades actuales. “Estamos muy complicados con insumos y también con calzado”, afirmó, al precisar que se requieren zapatillas en buen estado, principalmente del número 35 al 45. “El calzado siempre es lo que más cuesta”, concluyó.













