El 16 de junio de 1955, aviones navales insurrectos bombardearon la Plaza de Mayo y la Casa Rosada en Buenos Aires, en un intento fallido de asesinar al presidente Juan Domingo Perón. Este ataque, que dejó un horrendo espectáculo de destrucción y muerte, es un episodio que la historia oficial a menudo busca omitir.
El Bombardeo a Plaza de Mayo
Hacia el mediodía del 16 de junio de 1955, aviones navales de las bases de Punta de Indio y Ezeiza sobrevolaron Buenos Aires y descargaron bombas sobre el centro de la capital. La acción formó parte de un plan para derrocar a Perón, aunque públicamente se había anunciado un desagravio al General San Martín con el sobrevuelo de aviones Gloster Meteor. Simultáneamente, insurrectos tomaron el Ministerio de Marina y hubo intentos de sublevación en Puerto Belgrano y Morón, los cuales fracasaron.
Los aviadores rebeldes, coordinados por los políticos Miguel A. Zavala Ortiz (radical), Américo Ghioldi (socialdemócrata) y Oscar Vichi (conservador), no solo lanzaron bombas sobre civiles, sino que también ametrallaron a grupos obreros que intentaban defender al gobierno. Uno de esos ataques hirió mortalmente a Héctor Pessano, un trabajador alcanzado por la metralla cerca de la CGT.
¿Cuántas víctimas dejó el ataque?
El número exacto de víctimas del bombardeo del 16 de junio de 1955 es incierto, ya que el gobierno retaceó la información para evitar mayores enfrentamientos. Distintas fuentes ofrecen cifras variadas:
- El Almirante Rojas estimó 156 muertos y novecientos heridos.
- Un periodista de Primera Plana mencionó 373 muertos.
- El diario La Nación admitió 350 muertos y alrededor de 600 heridos.
- Gonzalo Chávez reportó 156 muertos, 96 heridos graves y 750 heridos.
- Fuentes de la resistencia peronista estimaron 400 muertos.
- Una revista Extra de 1965 llegó a sostener que yacían "dos mil muertos".
- En 2003, la investigación de Gonzalo Chávez publicó una lista con alrededor de 150 nombres y apellidos de las víctimas.
Estas víctimas son consideradas "malditas" por haber sido olvidadas individualmente y apenas mencionadas en la historiografía oficial, a pesar de que este bombardeo a una ciudad abierta no tiene precedentes en la historia argentina.
El Silenciamiento Histórico del Bombardeo
El episodio del bombardeo a Plaza de Mayo ha sido objeto de un persistente silenciamiento en la historia oficial. El profesor Tulio Halperín Donghi, por ejemplo, describe el alzamiento del 16 de junio y el bombardeo, pero pone un énfasis significativo en los posteriores incendios de iglesias en el centro de Buenos Aires. Esta narrativa sugiere que la "espontánea cólera" de la muchedumbre, herida en sus sentimientos piadosos, desvió la atención del ataque aéreo. El gobierno, según esta perspectiva, se sintió más amedrentado por la quema de templos que por la masacre de civiles. Esta forma de relato contribuye a invisibilizar la magnitud y responsabilidad del bombardeo inicial.













