Gustavo Tito, biólogo, técnico del INTA y profesor de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), advirtió sobre los riesgos de la exposición a agroquímicos y cuestionó las medidas adoptadas contra Virginia Aparicio, investigadora del organismo que participó de un estudio internacional sobre la presencia de estas sustancias en el ambiente y en el cuerpo humano. En una entrevista realizada por Claudio Quiñones en el programa Pienso Positivo, por Radio del Volga 99.5, sostuvo que el caso representa una advertencia para quienes trabajan en investigación científica.
Aparicio tiene más de 20 años de trayectoria en el INTA y desarrolló su trabajo en la zona de Balcarce. Según explicó Tito, participó del proyecto internacional SPRINT, un convenio aprobado por el organismo argentino junto con países europeos. La investigación buscó identificar rastros de agroquímicos en distintos ámbitos: suelo, agua, aire, viviendas y muestras biológicas de personas voluntarias. “Se encontraron grandes cantidades de distintos agroquímicos en el cuerpo de las personas”, señaló.
El relevamiento incluyó a 77 voluntarios de Balcarce y alrededores, tanto personas vinculadas con la actividad agropecuaria como habitantes de zonas urbanas. De acuerdo con Tito, los resultados argentinos mostraron una mayor variedad de sustancias que las detectadas en Europa. El especialista explicó que los productos aplicados en los cultivos no permanecen únicamente en el lugar donde se busca controlar una plaga. “El 1% logra alcanzar la plaga; el 99% va al agua, al aire, al ambiente en general”, afirmó.
El conflicto comenzó cuando Aparicio intentó realizar una devolución de los resultados a las personas que habían participado del estudio, como parte del compromiso asumido con los voluntarios. Tito sostuvo que esa instancia fue impedida y que luego se profundizaron las restricciones sobre su trabajo. Según relató, se interrumpió la participación argentina en el proyecto SPRINT, se le prohibió abordar públicamente el tema y se inició un proceso administrativo de exoneración que, al momento de la entrevista, todavía admitía instancias de apelación. “Se le prohibió trabajar, se rompió el contrato con el SPRINT y se prohibió mencionar el tema”, describió.
Para el entrevistado, las medidas contra la investigadora no constituyen solamente un conflicto administrativo, sino que pueden tener consecuencias sobre el trabajo científico dentro del organismo. También cuestionó que se impida discutir los resultados de una investigación vinculada con la salud y el ambiente. “Es una advertencia para los investigadores, un caso testigo para imponer el miedo”, afirmó.
Tito puso el foco, además, en la exposición simultánea a distintas sustancias. Explicó que los efectos de cada producto suelen analizarse por separado, aunque las personas pueden entrar en contacto con varias sustancias a través del agua, el aire o los alimentos. La interacción entre esos componentes plantea interrogantes que requieren investigaciones específicas. “Una vez que te entró un agroquímico a tu cuerpo, se te hace un cóctel adentro”, advirtió.
En ese sentido, consideró necesario avanzar con políticas de prevención y estudios de alerta temprana que permitan identificar riesgos antes de que se manifiesten consecuencias mayores. También planteó que los resultados deberían ser considerados por las áreas estatales con responsabilidades en materia sanitaria, ambiental y agropecuaria. “Hay que empezar a pensar seriamente en cómo trabajar con la prevención”, sostuvo.
Durante la entrevista, Tito también se refirió a la situación de la agricultura familiar, sector al que está vinculado desde hace casi cuatro décadas. Señaló que la actividad atraviesa dificultades por los costos de los insumos, la inflación, los problemas logísticos y la caída del mercado interno. En ese contexto, mencionó que algunos productores abandonan sus quintas, aunque otros continúan sosteniendo la producción. “La agricultura familiar tiene una capacidad de resistencia muy interesante y ahora está en una situación crítica”, resumió.
El biólogo defendió el papel de los pequeños productores en el abastecimiento de alimentos y en la construcción de vínculos directos con los consumidores. Consideró que el desafío pasa por sostener esos circuitos y promover formas de consumo que permitan reconocer el origen de los productos. “No hay nada más maravilloso que cultivar y alimentarse de lo que uno cultiva”, expresó.
En el plano político, Tito planteó la necesidad de que el peronismo deje de lado sus disputas internas y construya propuestas concretas. Entre sus prioridades mencionó un sistema de emergencia alimentaria que articule a los sectores populares con la producción de la agricultura familiar, tomando como referencia el programa Hambre Cero de Brasil. “El campo nacional y popular tiene que empezar a contar propuestas de la gente y unificarse ya”, afirmó.
Finalmente, cuestionó el rol de la CGT frente a los cambios en materia laboral y reclamó una mayor participación de las organizaciones sindicales en la defensa de los trabajadores. “No va a haber un buen cambio si no tenemos un movimiento obrero organizado, apuntando a empoderar a los trabajadores”, concluyó.












