Durante las fiestas de fin de año, el consumo de alcohol suele aumentar y uno de los errores más frecuentes es descuidar la hidratación. Nutricionistas advierten que beber alcohol sin alternar con agua favorece la deshidratación, ya que el alcohol actúa como diurético y provoca pérdida de líquidos y electrolitos.
La falta de hidratación puede generar dolores de cabeza, fatiga, mareos y piel seca, además de afectar la calidad del sueño y agravar los síntomas de la resaca. También impacta en el sistema digestivo, ya que el agua es clave para un tránsito intestinal adecuado, y su déficit puede provocar hinchazón y estreñimiento.
Especialistas recomiendan estrategias simples para prevenir estos efectos, como comenzar el día bien hidratado, aplicar la “regla del sándwich de agua” —un vaso de agua antes y después de cada bebida alcohólica— y mantener siempre una botella de agua al alcance. El consumo ocasional de bebidas con electrolitos y alimentos con alto contenido de agua también ayuda.
Además de hidratarse, se aconseja no saltear comidas, priorizar una alimentación equilibrada y moderar el consumo de bebidas azucaradas. La combinación de hidratación constante, consumo responsable de alcohol y hábitos alimentarios ordenados permite atravesar las celebraciones con menor impacto en la salud.













