La caída de los bonos soberanos argentinos en dólares provocó que la curva de tasas vuelva a operar en niveles cercanos o superiores al 10%, generando debate entre analistas sobre un posible punto de entrada o la necesidad de cautela ante las próximas elecciones. La situación actual refleja un desplazamiento alcista en la curva de bonos, indicando un deterioro en las expectativas de los bonistas.
¿Cómo operan las tasas de los bonos argentinos?
Actualmente, la curva de bonos soberanos en dólares bajo Ley de Nueva York muestra rendimientos de 8,3% para el GD29 y 8,7% para el GD30. A medida que aumenta la duration, los rendimientos se acercan al doble dígito: el GD38 rinde 9,9%, mientras que el GD35, GD41 y GD46 se ubican alrededor del 10% anual. Esta curva refleja una prima de aproximadamente 170 puntos básicos entre el tramo corto y el largo.
Por otro lado, la curva de bonos bajo Ley Local opera con rendimientos superiores. Los Bonares cortos como el AO27, AO28, AL29 y AL30 rinden entre 8,2% y 11,4%. En los vencimientos más largos, las tasas se mantienen por encima del 11%, con el AO29 y AE38 rindiendo cerca del 11,5%, y el AL35 y AL41 alrededor del 11,2% a 11,3%.
¿Qué riesgo electoral se percibe en el mercado?
El mercado de bonos exhibe una mayor caída en los títulos con vencimientos más largos, lo que sugiere que los inversores incorporan crecientemente los riesgos electorales. Una forma de identificar esta percepción es a través de la probabilidad de default acumulada para bonos que vencen fuera de la actual gestión.
La curva de CDS (Credit Default Swaps) revela que la probabilidad acumulada de incumplimiento a un año es del 2,8%. Sin embargo, esta percepción cambia drásticamente al extender el horizonte: la probabilidad asciende al 30,3% a cuatro años y al 61,5% a diez años. Esto indica un bajo riesgo de evento crediticio inmediato, pero una elevada prima ante las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda argentina a mediano y largo plazo.
Se observó que los seguros de default argentino mostraron un aumento en las probabilidades acumuladas de incumplimiento a cuatro y diez años (post-2027) de 400 y 510 puntos básicos, respectivamente, desde principios de agosto de 2026. Este deterioro en la percepción de riesgo se concentra en horizontes más largos, donde el mercado incorpora mayor incertidumbre sobre la capacidad de sostener la historia de crédito.
Análisis de la prima de riesgo y las expectativas
Analistas del mercado advierten que, si bien el contexto global presenta desafíos, factores idiosincráticos hicieron que los Globales amplifiquen el movimiento de sus pares emergentes, profundizando las pérdidas.
El economista Adrián Yarde Buller señaló que los bonos incorporan riesgos electorales. El mercado comenzó a mirar decididamente la elección como próximo catalizador. Durante la semana del 17 al 23 de agosto de 2026, los movimientos reflejaron una mayor sensibilidad del mercado a las encuestas, con una probabilidad implícita de un escenario de reversión plena de políticas operando en un 28% en la curva de Globales.
El diferencial de tasa entre el bono en dólares AO27 y el AO28 evidencia un fuerte salto. La tasa forward entre estos títulos alcanzó el 15,9% (TEA). Este incremento se interpreta como el mercado descontando un riesgo que, posiblemente, no estaba apropiadamente valuado.
Diferenciación del riesgo por vencimiento
La percepción de riesgo sobre la deuda argentina muestra una marcada diferenciación según el horizonte de vencimiento. Los bonos que deben pagarse durante la actual gestión son considerados relativamente más seguros. En contraste, los compromisos que quedan para después de 2027 incorporan una prima electoral y política mayor, debido a la incertidumbre sobre el próximo Gobierno y su responsabilidad para afrontar esos pagos.
Esta dinámica se refleja claramente en las tasas. La tasa forward implícita entre el AO27 y el AO28 trepó desde alrededor del 12,2% a principios de agosto de 2026 hasta el 15% actual, alcanzando su nivel más elevado en los últimos meses. Este movimiento implica un encarecimiento significativo del costo de financiamiento del Tesoro hacia 2028, exigiendo una compensación considerablemente mayor para prestar dólares a plazos que exceden el mandato actual.
El economista Diego Chemeides coincidió en que un factor idiosincrático explica la performance negativa de los bonos soberanos locales. La lectura dominante del mercado sigue siendo la preocupación por una recuperación en forma de letra K, con los sectores intensivos en empleo rezagados y la consecuente erosión en los índices de aprobación.
El Cronista













