El sistema financiero argentino atraviesa un escenario en el que la baja de las tasas de interés no alcanza para reactivar el crédito. La caída del consumo, el deterioro del poder adquisitivo y el aumento de los costos fijos elevaron la morosidad entre personas y empresas, mientras las entidades financieras endurecen los criterios para otorgar financiamiento.
Uno de los principales factores que condiciona el acceso al crédito es el incremento de la mora. Las entidades financieras analizan con mayor rigor el historial de pago de los últimos dos años y la situación crediticia de los solicitantes. Quienes registran calificaciones irregulares ante el Banco Central o presentan un nivel de endeudamiento elevado encuentran mayores dificultades para acceder a nuevos préstamos.
La situación impacta especialmente sobre las pequeñas y medianas empresas. Mientras sectores como la minería, el petróleo, el gas y parte del agro mantienen actividad sin una fuerte demanda de financiamiento, las PyMES, cooperativas e industrias enfrentan un contexto de menor consumo, caída de ventas y mayores dificultades para sostener su funcionamiento.
A ese panorama se suma la competencia de productos importados, que presiona sobre la producción nacional y obliga a muchas empresas a reducir costos para mantenerse competitivas. El cierre de PyMES y la pérdida de puestos de trabajo también repercuten sobre el sistema financiero, al aumentar los niveles de morosidad y reducir la demanda de crédito para inversión.
En este contexto, las empresas presentan dos necesidades bien diferenciadas. Algunas buscan aprovechar la baja de las tasas para invertir en maquinaria o ampliar su capacidad productiva. Otras, en cambio, solicitan ampliar sus acuerdos de giro en descubierto para afrontar problemas de liquidez y cubrir cheques rechazados o compromisos de corto plazo.
Desde las entidades financieras advierten que el descubierto bancario puede transformarse en una herramienta de alto riesgo cuando la empresa no logra recomponer sus ingresos. Antes de ampliar esas líneas de crédito, se prioriza un análisis integral de la situación financiera, evaluando el nivel de endeudamiento, los compromisos vigentes y la posibilidad de refinanciar pasivos para ordenar las cuentas y reducir el riesgo.
En paralelo, el mercado financiero mantiene una tendencia descendente en las tasas para créditos destinados al capital de trabajo. En operaciones a 12 meses, las tasas pasaron de ubicarse por encima del 60% anual a un rango de entre el **29% y el 35%**, dependiendo del perfil del cliente y de la línea de financiamiento disponible.
La baja de las tasas también alcanzó a los plazos fijos y obliga a las entidades a revisar diariamente sus condiciones comerciales en un mercado de alta volatilidad. Al mismo tiempo, continúan apareciendo nuevas líneas de crédito para empresas y préstamos hipotecarios destinados tanto a la construcción tradicional como a los sistemas de construcción en seco.













