En la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), el profesor Gustavo Tito dirige una innovadora modalidad de enseñanza en la cátedra de Gestión Ambiental En Establecimientos Productivos Primarios Periurbanos. Bajo el nombre de "Aula Campo", el programa ofrece una experiencia educativa directa, en la que los estudiantes interactúan con pequeños productores periurbanos, adquiriendo conocimientos y enfrentando las realidades del sector productivo. Tito destaca que el objetivo principal es que “los estudiantes no vengan solo a aprender para aprobar un examen, sino a resolver problemas reales.”
Aula Campo se basa en un esquema de aprendizaje práctico. Cada grupo de estudiantes se vincula con un productor local, lo que les permite conocer su rutina y los desafíos que enfrenta. A través de esta relación, los estudiantes aplican sus conocimientos en terreno, proponiendo soluciones a problemáticas concretas del ámbito productivo. “Los estudiantes trabajan junto a un productor, observan sus actividades, discuten en el aula y vuelven con propuestas”, explica Tito. Este intercambio permite que los alumnos entiendan la complejidad de la agricultura familiar y el contexto que rodea a los productores en el borde de la ciudad.
Una de las claves del Aula Campo es que los productores también evalúan a los estudiantes al final de cada curso, lo cual enriquece el proceso de aprendizaje y estrecha la relación entre ambos. “Es un proceso muy virtuoso”, asegura Tito, “porque los productores quedan muy enganchados y los estudiantes descubren un mundo que no conocían”. A su vez, los productores reciben un cartel que los identifica como parte del programa, reforzando el compromiso mutuo.
En la actualidad, el contexto de la agricultura familiar en Argentina presenta serias dificultades. La crisis económica ha golpeado fuertemente a estos pequeños productores, muchos de los cuales enfrentan problemas para vender sus productos debido a la caída del mercado interno y el alza de costos, que en su mayoría están dolarizados. Tito señala que “el productor está en un punto de equilibrio muy delicado entre seguir o abandonar la actividad.” Esta situación, junto con el crecimiento de las zonas urbanas, presiona a los productores, que en muchos casos resisten para mantener sus tierras y su modo de vida.
Uno de los mayores desafíos para los agricultores periurbanos es la falta de políticas activas que los apoyen en su labor. Tito subraya que “no hay políticas activas para el agricultor familiar en este momento, se han destruido todas, y eso complica la situación.” Aun así, la perseverancia de los productores es notable, ya que muchos continúan apostando por la agricultura familiar como una forma de sostén, producción de alimentos y empleo en sus comunidades.
El trabajo conjunto de los estudiantes con los productores también genera una reflexión sobre la importancia de la autogestión y la cooperación. Por ejemplo, recientemente los alumnos de Aula Campo están colaborando con una empresa local de reciclaje de envases agroquímicos para implementar un sistema de recolección. Esta acción demuestra el compromiso de los estudiantes con la sostenibilidad ambiental, y como afirma Tito, “siempre surgen sorpresas al trabajar de esta manera.”
Para los estudiantes, Aula Campo representa una oportunidad para poner en práctica la teoría que aprenden en la universidad, enfrentando en la vida real los problemas complejos que la agricultura familiar plantea. En este sentido, aprenden a gestionar temas ambientales, productivos y sociales. Según Tito, “los alumnos incluso le llevan la bibliografía de la materia al productor, generando un diálogo que enriquece a ambas partes.” Además, el programa fomenta la formación de equipos interdisciplinarios, permitiendo a los estudiantes abordar cada caso desde una perspectiva integral.
La experiencia del Aula Campo no solo se limita a los productores de grandes áreas periurbanas. Tito resalta que, en los últimos años, han surgido pequeños centros productivos en torno a ciudades más pequeñas y pueblos, lo cual considera fundamental para el desarrollo del país. “Imaginemos un país donde cada ciudad o pueblo tenga su cordón hortícola”, dice. “De esta manera, podríamos resolver el problema del hambre en poco tiempo.”
El proyecto Aula Campo, sin embargo, enfrenta un desafío constante debido a la ausencia de políticas que apoyen al agricultor familiar. “Se están generando espacios de cooperación entre productores, municipios y universidades, pero todavía hace falta un marco de apoyo desde el Estado”, reflexiona Tito. Pese a las adversidades, el proyecto continúa creciendo y desarrollando redes de comercialización directa, como la feria de productores periurbanos en la propia universidad. Esto no solo permite la venta de productos locales, sino que también fortalece el vínculo entre el ámbito educativo y las comunidades productivas.
La metodología de Aula Campo tiene como fin que los estudiantes comprendan y actúen ante las necesidades reales de los productores rurales, generando propuestas sostenibles y accesibles para cada caso particular. Según Tito, “las crisis generan oportunidades”, y esta iniciativa es un ejemplo de cómo la educación puede ser un puente entre la teoría y la práctica, fomentando un desarrollo que beneficie tanto a los estudiantes como a los productores.














