El fenómeno climático El Niño se intensifica y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) proyecta una alta probabilidad de que alcance una intensidad "muy fuerte" entre octubre y diciembre de 2026. Esta situación impactará directamente en la campaña agrícola 2026/27 de Argentina, convirtiéndose en una variable clave para el sector.
Proyección de Intensidad "muy Fuerte" para el Niño
La última actualización de la NOAA, difundida el 10 de agosto, confirmó la actividad e intensificación del fenómeno. Se registró una anomalía de +1,8 °C en la temperatura de la superficie del mar en la región Niño 3.4. Además, se detectó un calentamiento significativo debajo de la superficie del Pacífico ecuatorial central y oriental.
Las proyecciones de la NOAA estiman un 81% de probabilidad de que El Niño sea clasificado como "muy fuerte" durante el trimestre octubre-diciembre de 2026. Las previsiones también señalan que el fenómeno podría persistir hasta comienzos de la primavera de 2027 en el hemisferio norte.
Otras regiones del Pacífico muestran anomalías importantes: Niño 1+2 registra +3,3 °C, mientras que Niño 3 alcanza +2,4 °C. El calentamiento se extiende en profundidad, con temperaturas por encima de lo normal en los primeros 300 metros del océano.
¿Cómo impactará el Niño en las lluvias de Argentina?
Para los productores argentinos, un El Niño fuerte suele incrementar las probabilidades de precipitaciones por encima de lo normal en sectores del centro y este del país. Sin embargo, esto no asegura una mayor cantidad de lluvia en todos los campos ni una distribución uniforme de las precipitaciones.
La intensidad de El Niño no determina por sí sola la cantidad, ubicación o momento de las lluvias. La interacción con otros patrones atmosféricos será fundamental para definir el comportamiento climático en cada región. La pregunta central para la campaña 2026/27 no será solo la disponibilidad de agua, sino su distribución temporal y espacial.
Cultivos clave: Trigo, Maíz y Soja bajo observación
La evolución del fenómeno será monitoreada de cerca en los principales cultivos. Para el trigo, las lluvias de primavera son cruciales para las etapas de mayor demanda hídrica y para la definición de los rendimientos.
En el caso del maíz temprano y la soja de primera, la disponibilidad de agua durante la implantación y en etapas críticas como la floración y el llenado de granos será un factor determinante. No obstante, un escenario más húmedo también puede generar complicaciones.
- Excesos de lluvias
- Anegamientos
- Enfermedades
- Falta de piso para ingresar a los lotes
- Problemas en caminos rurales
Estos son algunos de los riesgos que pueden surgir si el agua llega en cantidades excesivas o concentrada en períodos específicos.
Factores adicionales: la Oscilación Madden-Julian
La Oscilación Madden-Julian (MJO), un patrón de variabilidad atmosférica tropical, es otro elemento que los especialistas siguen de cerca. Este patrón puede modificar los vientos sobre el Pacífico y favorecer el desplazamiento de ondas Kelvin. Un debilitamiento de los vientos del este podría contribuir a redistribuir el calor acumulado debajo de la superficie del océano hacia el este. La interacción entre el océano y la atmósfera es clave para determinar la intensificación de El Niño en un Pacífico con anomalías cálidas.
Impacto regional y Económico en la campaña 2026/27
El fenómeno también puede alterar las condiciones agrícolas en otras regiones productoras del mundo. Para Argentina, una campaña con mejores condiciones hídricas podría favorecer la recuperación de los rindes y del saldo exportable de granos. Sin embargo, el resultado económico dependerá de múltiples factores.
Las cosechas de Brasil y Estados Unidos, los precios internacionales, los costos de producción, la presión impositiva y las condiciones cambiarias también serán determinantes para el resultado final de la campaña. La clave residirá en cuándo y dónde llueva.
La evolución de El Niño deberá analizarse junto con los pronósticos regionales, la humedad acumulada en los perfiles y las condiciones de corto y mediano plazo. La distribución del agua puede marcar la diferencia entre una campaña de alto potencial productivo y otra afectada por excesos, anegamientos o una disponibilidad irregular de humedad.













