Las inundaciones afectan el departamento Vera, en el norte de Santa Fe, desde el martes 18 de agosto, obligando a productores ganaderos a movilizar hacienda y buscar campos secos. Este fenómeno compromete una región con cerca de 700.000 bovinos, encarece los pastajes y dificulta la comercialización.
¿Cómo impactan las inundaciones en la ganadería de Vera?
Las inundaciones generaron la falta de superficie seca, lo que obligó a retirar animales y trasladarlos por zonas anegadas. En áreas como La Gallareta, las imágenes muestran la magnitud del problema: vacas nadando, establecimientos rodeados de agua y caminos rurales desaparecidos. En los sectores más comprometidos, ya no queda pasto disponible, y algunos productores debieron retirar todos sus animales, mientras otros intentan mantenerlos en las pocas lomadas secas.
La situación no solo impacta la producción. Numerosas familias rurales se encuentran aisladas, y los camiones no pueden ingresar a los establecimientos, lo que convierte cualquier movimiento de hacienda en una operación costosa y compleja.
¿Qué cifras de lluvia explican la emergencia?
La acumulación de precipitaciones explica gran parte de la emergencia. Durante los primeros cuatro meses de 2026, puntos como Vera y La Gallareta registraron más de 1.100 milímetros de lluvia, cuando el promedio anual de la zona ronda los 900 milímetros. Esta enorme cantidad de agua saturó los bajos y dejó grandes extensiones inutilizables para la producción ganadera.
En establecimientos cercanos a la laguna La Loca, los productores debieron retirar completamente los rodeos. En algunos sectores, se estima que todavía permanece cerca de un metro de agua, impidiendo el regreso inmediato de los animales y condicionando la recuperación de los campos.
¿Cómo afecta el aislamiento a los productores rurales?
La salida hacia campos más altos tampoco resulta sencilla. La creciente demanda de superficie para recibir animales provocó una fuerte escasez de pastajes disponibles y un aumento de sus costos. Esto agrega presión sobre establecimientos que ya enfrentan gastos extraordinarios de traslado y alimentación.
Algunos rodeos tuvieron que ser movilizados más de una vez a medida que el agua avanzaba, llegando incluso a zonas de islas, como las cercanas a Villa Ocampo. Sin embargo, no existe certeza de que puedan permanecer allí si las condiciones meteorológicas empeoran. Para la ganadería santafesina, el impacto se traslada directamente a los números de cada explotación.
En el paraje El Palmar, distrito La Garita, el aislamiento expone otra dimensión de la crisis. Desde abril, los productores tienen dificultades para utilizar el camino que comunica la zona con la ruta nacional 98, tras episodios de precipitaciones muy superiores a las previstas. En algunos campos, el agua ocupó prácticamente toda la superficie, dejando las viviendas sobre pequeñas áreas elevadas, como si fueran islas. Para sacar hacienda, en algunos casos se deben recorrer hasta 30 kilómetros a caballo antes de alcanzar un punto donde pueda ingresar un camión. Esta logística limita tanto los traslados preventivos como la posibilidad de vender animales cuando el productor lo necesita.
¿Qué desafíos futuros enfrenta la región?
El interrogante se centra en los próximos meses. Si las precipitaciones vuelven a intensificarse, el problema podría coincidir con momentos sensibles del ciclo ganadero, especialmente la época de parición, cuando los terneros necesitan lugares secos y protegidos. Este escenario vuelve a poner sobre la mesa desafíos estructurales del agro argentino, incluyendo la infraestructura rural, el mantenimiento de caminos, el manejo hídrico y la capacidad de respuesta frente a eventos climáticos extremos. La urgencia para los productores de Vera es conseguir dónde sostener la hacienda, recuperar la conectividad y evitar que nuevas lluvias profundicen la emergencia que mantiene miles de hectáreas bajo agua.
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